EL CANDIL
NÚMERO 66 ANNO III
PRIMERA CLARIDAD
Una de las grandes cualidades de
nuestro idioma es la polisemia, o sease, la variedad de significados
de una palabra. Por otro lado, dicha riqueza puede representar un
problema para lectores poco duchos en la materia, pues solo el
contexto de la frase indicará cuál es la más adecuada para la
mejor comprensión de la misma.
Por ejemplo, todos sabemos que el
vocablo “pino” nombra un tipo de árbol muy común en
nuestros parques y bosques; pero, a la vez, es un adjetivo que
califica un terreno en cuesta o em-pi-na-do. Otras presentan un
significado muy distinto al original, fruto del uso, como:
parafernalia, “conjunto de
usos habituales en determinados actos o ceremonias y de objetos que
en ellos se emplean”, pero el Derecho romano la define como “los
bienes que pertenecían solo a la mujer y no entraban en la dote al
casarse”; aunque también se utiliza como sinónimo de ostentoso,
exagerado, o presumido.
“siniestro”, avieso o
malintencionado; infeliz, desgraciado; suceso que provoca daños
personales o materiales y, quizá el menos conocido, contrario a
diestro, que está a la mano izquierda.
Algunas palabras merecen múltiples
definiciones del diccionario
como los llamados verbos auxilares como el muy corriente “ser”,
que recibe dieciséis entradas en el mismo; mientras que otras
merecen una descripción breve y precisa
como “bardaje” o sodomita
paciente -¿Cabe más economía y precisión? Su contrario sería "bujarrón" o sodomita agente.
“tafanario”, o nalgas;
vocablo muy querido por el admirado Quevedo por su esplendor y
carnosidad;
o la musical “dingolondango”,
mimo, halago, arrumaco; también requiebro, piropo.
Otras resultan prolijas como los
términos filosóficos
“apodíctico”, palabra
extraña para referirse a lo “necesariamente válido” según el
diccionario, sinónimo de “irrefutable o innegable”;
“ataraxia”, objetivo final
de los estoicos, o “imperturbabilidad y serenidad ante los
acontecimientos”;
“escatología”,
relacionada con la ultratumb; aunque más comúnmente se vincula con
los excrementos;
“logos”, conocimiento que
Dios tiene de si mismo, “orden explicativo del universo”, y,
según los cristianos, el Verbo, el Hijo de Dios.
Otras palabras, como bagaje, "conjunto de conocimientos que se tiene de algo o equipaje militar de
un ejército o tropa en marcha" y otros dos significados que no
incluyo para no resultar prolijo -dilatado, esmerado o impertinente-,
derivan de idiomas extranjeros como es el caso, pues la palabra en
cuestión emana del francés bagage (bagach), que significa, maleta.
Otras varían su significado con
cambiar una sola letra como
el adjetivo “acerbo”, áspero
al gusto, o cruel, riguroso, desapacible,
y el sustantivo “acervo”,
propiedades comunes a una sociedad, o menudencias, y suele emplearse
como sinónimo de conjunto. Un uso habitual es la coletilla “el
acervo cultural de...”.
Basten estos breves ejemplos para
demostrar la riqueza -y dificultad- de nuestro idioma. Tampoco es
cuestión de aburrir al personal y caer en la pedantería.
El relato incluido en la tercera
claridad narra una experiencia vivida durante mis años de opositor
-como buen ciudadano, hay que oponerse a algo- en el que se comenta
el sorprendente hecho de que oponerse y opositar sean sinónimos.
SEGUNDA CLARIDAD
- Obligan a callarse al exministro de justicia belga tras llevar veintitrés horas seguidas sin dejar de hablar.
- La Guardia Costera usamericana dejará de considerar símbolos de odio a las esvásticas.
- China asegura tener una pastilla que permite vivir ciento cincuenta años.
- Santiago Abascal participa en unas jornadas de trabajo en Salamanca.
- Un asesor de Zanahorio Trump llamado Steve Wittkof orientó al Kremlin para ganarse la confianza del presidente usamericano.
- Un hombre se disfraza de su madre fallecida para cobrar su pensión.
- Próximo estreno en plataformas: "ANOTOP AT" by Netflix. Protagonizada por Alberto Núñez.
- Benjamín Netayanhu solicita al presidente israelí el indulto por sus casos de corrupción y soborno, porque "investigarle perjudica los intereses del Estado". (Parafraseando al Rey Sol, "El Estado soy yo).
- El Partido Popular de Almería, donde han detenido al Presidente de la Diputación, militante de dicho partido, por una supuestra trama de corrupción en la compra de mascarilas durante la pandemia, participa en la reciente manifestación del Templo de Debod contra la corrupción, sin presunción que valga, del actual gobierno.
- El Tribunal Supremo anula la expulsión del cuerpo de un guardia civil condenado por violencia machista, porque se lo notificaron en festivo.
- En 1980 varios ayuntamientos británicos prohibieron la proyección de "La vida de Brian" en su territorio, aunque muchos carecieran de cines.
- Un juez de Vigo no cree que una médica de familia pueda sufrir violencia de género, porque tiene "acceso a protocolos sanitarios y conoce los canales de denuncia", por lo que ha archivado la querella contra el exmarido de la facultativa.
- El ayuntamiento capitalino resuelve las quejas de los padres por demasiado calor en las aulas, poniendo aire acondicionado solo en la conserjería del centro.
- Junto con una copa coñac y un frasco de opio líquido, en los quirófanos solia un cigarro puro para ayudar a disminuir los dolores de las operaciones. Lo curioso es que el habano se introducía en el recto del paciente por el efecto de relajación muscular que posee la nicotina.
- Míster Marco Rubio, Secretario de Estado usamericano, ordena emplear el tipo "Times New Roman" en lugar del "Calibri" por considerarlo "una medida de diversidad derrochadora que ordenó emplear su antecesor demócrata".
TERCERA CLARIDAD
EN
EL PARO POR CULPA DE LA TALASOCRACIA
En
mi círculo de amigos, me conocen por “Caracol”, dada mi
proverbial tranquilidad. A los veinticinco años, casado y padre de
dos preciosas criaturas, ya era Jefe de Sección de un banco recién
fusionado. Con esto quiero decir que tenía un futuro muy claro por
delante, que mi vida era tal y como siempre había soñado: una
confortable vivienda en la zona más cara de la ciudad, un coche
alemán deportivo y metalizado, un sueldo seguro y suficiente, y un
apartamento en la costa. Los fines de semana cogía a mi mujer e
hijos y nos íbamos a navegar en el cercano pantano de san Juan.
¡Éramos una familia feliz, qué caramba! ¡Éramos la envidia de
todos nuestros vecinos, siempre con problemas a fin de mes! Con esto
quiero decir que no debía preocuparme por nada. Sin embargo, un
atávico e irrefrenable deseo me corroía el cacumen: quería
convertirme en funcionario público, servir al Estado, equilibrar la
situación, implantar la ósmosis perfecta; pues, al fin y al cabo,
el Estado ya me servía a mi. Cuando se lo planteé a Maripi, mi
amante esposa, abrió desmesuradamente los ojos y, después, concertó
una cita con nuestro psiquiatra.
-
¿Estás loco o has pillado una depre? – me espetó, indignada.
-
No, querida –respondí-. Sólo quiero hacer justicia.
-
¿Justicia? ¿No te basta con el ministro correspondiente?
-
Pero, Maripi, puedo cambiar el turno en el banco. ¡Qué más da!
-
Pichurri, ¿te ha sentado mal el desayuno? Nunca te había oído
decir tantas estupideces seguidas.
Con
esto quiero decir que mi febril deseo, mi justa ambición, no fueron
asimilados, ni, por supuesto, bien recibidos. Di por terminada la
conversación y me dirigí al trabajo. Allí pregunté a varios
compañeros casados con funcionarias públicas sobre las condiciones
laborales, salariales y de jubilación. Comprensivos, pensaron que mi
mujer, por seguir la moda, quería trabajar y había decidido, a lo
loco, preparar una oposición y, por tanto, me respondieron con todo
lujo de detalles.
-
“Caracol”, ¡déjalo! No discutas con ella. No sabes cómo se
ponen las mujeres, cuando les llevan la contraria.
Y
... ¡era cierto! Yo nunca había discutido con Maripi. Pero..., ¿una
oposición?, ¿qué habían querido decir con “preparar una
oposición”?, ¿a quién tenía que oponerme?
A
escondidas de todos mis conocidos, visité varias academias
especializadas en oposiciones a la Administración Pública, y, entre
otras cosas, descubrí que no eran partidos políticos contrarios al
gobierno vigente, sino que la palabra “oposición” provenía del
verbo “opositar”, que, a su vez, representaba uno de los diversos
significados de “oponer: pretender un cargo o empleo en concurso
con otros aspirantes”. Con esto quiero decir que oponer no
significa, necesariamente, oponer; sino que puede equivaler a
opositar, sinónimo de oponer. En resumidas cuentas, visité varias
academias para informarme de cómo debía oponerme al gobierno y salí
confuso y asustado. ¿Cómo permitía un gobierno legítimamente
constituido que sus gobernados regentasen lucrativos negocios basados
en la preparación de oposiciones a dicho gobierno? ¡No entendía ni
jota! Más tarde, entre cerveza y cerveza, un amigo catedrático –por
oposición- me sacó de mi error y me obligó a pagar la cuenta. Con
esto quiero decir que comprendí la riqueza de nuestro idioma; aunque
¿no debería hablar, más bien, de tacañería por emplear una misma
palabra para indicar diferentes acciones? Ni que decir tiene que
plantear esta cuestión a mi amigo el profesor me costó una nueva
ronda de pintas; pero, como trabajo en un banco, pues...
Por
la noche, cenando en un restaurante de moda, rodeados de caras
famosas y vidas desconocidas, reiteré mi deseo de oponerme al
gobierno; pero mi mujer me ordenó silencio. En la mesa de al lado,
cenaba no sé qué ministro; aunque yo no me había percatado de la
situación. Entonces, intenté arreglar el entuerto, explicándole lo
que me habían dicho en la academia; mas, el representante del
ejecutivo, visiblemente indignado, se levantó de su silla, y, en voz
alta, me dijo:
-
Caballero, bastante tengo con aguantar las críticas de la oposición;
así que haga el favor de dejarme cenar en paz. ¿Estamos?
Asustado,
sólo pude balbucear:
-
¿La oposición? ¿Ustedes también las hacen? Entonces, dígame, ¿a
quién se opone el gobierno?
Mi
mujer, esa niña de trenzas rubias que conocí a los doce años, me
fulminó con la mirada. Con esto quería decir que no eran ni el
momento ni el lugar para proseguir mi aclaración.
Al
día siguiente, tras una tediosa comida de trabajo con tres
representantes de una empresa tejana, me inscribí con nombre falso
en una de las citadas academias opositoras. A las cinco de la tarde,
dábamos clase de cultura general; de seis a ocho, preparábamos los
temas de la convocatoria. A mi lo que más me gustaba era el
lenguaje, conocer el significado, siempre imprevisto y sibilino, de
palabras como prosopopeya, polisemia, dicotomía, dragomán,
trujumán, bardaje, laso, laxo o lato. Con esto quiero decir que mis
relaciones con Maripi no se deterioraron progresivamente por mi manía
de llamar proemio a los avances del Telediario o sinecura al cargo
que ocupaba su hermano en el Ministerio de Hacienda; sino que la
cultura diferencia, distancia, aísla. Según avanzaba en mi
aprendizaje léxico, se acrecentaba la incomunicación entre mi
esposa y yo. El punto culminante de nuestro distanciamiento se
produjo a raíz del ataque cardiaco sufrido por mi suegro, don Ramón.
Postrado en la cama, entubado por boca y nariz, suero en el brazo
derecho y plasma en el izquierdo, presentaba un aspecto patético,
como siempre. Como llegué al hospital antes que mi cónyuge,
pregunté al médico por el estado de mi padre político. Por eso,
cuando apareció Maripi, pude informarle con toda exactitud del
verdadero alcance de la dolencia de su progenitor.
-
¡No te preocupes! Le han puesto una pítima.
Comenzó
a preocuparse. Mi sorpresa fue mayúscula, cuando mi costilla me
abofeteó en público.
-
No consiento que nadie llame borracho a mi padre y menos tú..., un
advenedizo en la familia.
Con
esto quiero decir que no entendía absolutamente nada; porque una
pítima es un socrocio que se aplica sobre el corazón y, que yo
sepa, no produce efectos secundarios como vómitos o mareos y, mucho
menos, borracheras. Por tanto, decidí preguntarle:
-
Querida, ¿por qué afirmas que he llamado borracho a tu padre? Una
pítima es un emplasto de azafrán.
-
Querido esposo, yo también he leído algo y por eso sé que pítima
significa, familiarmente, borrachera. ¿Comprendes mi reacción?
-
¡Perfectamente, querida!
Opositar,
oposición, oponer. Pítima, socrocio, emplasto, borrachera. ¡Lo que
yo decía! ¡Tacañería, ruindad, ganas de confundir a la gente, qué
caramba!
Aclarado
el equívoco con mi amada, visitamos al enfermo, que, diez días
después, volvía a dirigir su bufete de abogados para desgracia de
algún que otro pasante. Para entonces, conocía al dedillo la
Constitución vigente y los diferentes tipos de pruebas que podían
presentarme. En el banco, cumplía estrictamente mi trabajo y
mantenía una relación afable con mis compañeros; aunque, por lo
visto y oído, no era suficiente. El director en persona se encargó
de pedirme más celo e integración en la plantilla. Aduje problemas
familiares, pero no pareció –o no quiso- escucharme.
El
primer examen se celebró un domingo, a las nueve de la mañana, en
la facultad de Derecho de la Universidad Central. Aunque llegué con
tiempo suficiente, a punto estuve de no encontrar el aula A-6 –donde
me correspondía examinarme por la inicial de mi apellido- pues tardé
media hora en hallarla, gracias a las perfectas y claras indicaciones
de los convocantes. Con esto quiero decir que la extrañeza de mi
mujer, cuando le dije que había quedado con mi amigo el catedrático
para jugar al tenis, no se debe a una irracional desconfianza por su
parte, sino a que me conoce perfectamente y sabe que los dos sólo
practicamos un deporte: el levantamiento de jarras de cerveza. Pero,
abnegada y sumisa, aceptó mi mentira y... me siguió con su coche.
Claro que ella no conocía toda la historia. A las once de la mañana,
cuando salí del aula cariacontecido y perplejo, me la encontré
fumando en el pasillo.
-
¿Qué haces aquí? ¿Me has seguido?
-
Sí, querido. Pensé que me la pegabas con otra.
-
¿Yo? Sería incapaz de engañarte.
-
¿Qué tal te ha ido?
-
Así, así.
-
¡Me sorprendes! Con toda tu riqueza verbal y, ¿sólo puedes
decirme: “Así, así”.
-
¡Ya ves! Por cierto, ¿tú sabes qué es una talasocracia?
-
¿Una qué?
-
Talasocracia.
-
¿Es una de las preguntas que te han puesto?
-
Sí.
-
¡La madre que los parió!
Regresamos
a casa cada uno en su coche. Con eso no quiero decir que nuestras
relaciones fueran malas –de hecho, estábamos esperando el tercer
hijo-, sino que, si abandonábamos uno de los dos autos en el campus,
tendríamos que volver otro día por el y... ¡ya que estábamos
allí, pues... ¡
Tras
una opípara comida y un buen veguero, consulté en la enciclopedia
el significado de la maldita palabra. “Talasocracia: 1) Dominio del
mar. 2) Estado cuyo potencial político-económico reside en el
dominio que ejerce sobre los mares”.
-
¿Has oído, querida?
-
Sí. ¿Crees que la habrá contestado alguien?
-
Ni idea, pero espero que no.
-
¡Es que tienen mala leche! ¿Para qué sirve conoce el significado
de esa palabra, si ya no hay Ministerio de Marina?
-
El convocante pone las condiciones. Por cierto, quería decirte algo.
Resulta que...
-
Continúa.
-
Pues que me he... despedido del banco.
-
¿Cómo? ¿Estás tonto o qué te pasa?
-
Lo veía tan fácil y deseaba tanto servir al Estado que...
-
¿Te has planteado en algún momento la posibilidad de suspender? Y
ahora, ¿qué va ser de nosotros, de mi, de los niños, de lo que se
desarrolla en mi vientre? ¡Egoísta, mal marido, idiota!
Luego,
rompió a llorar. Con esto quiero decir que nuestro posterior
divorcio -¿Por qué te dejarías asesorar por tu padre, el siniestro
don Ramón?- no debió producirse; pues yo me hubiera presentado al
año siguiente y, entonces, sabría el significado de talasocracia.
Pero, ahora, perdidos el juicio de la separación y la custodia de
mis tres hijos, negada la posibilidad de reincorporarme a mi anterior
puesto en el banco, me veo abandonado, solo, sin paro y llevando la
contabilidad de mi amigo el catedrático, que no quiere pagar a
Hacienda. Lo que es peor: me veo obligado a soportar sus bromas y
puñeterías. Con esto quiero decir que no me parece justo que mi
mejor amigo me diga: “Caracol”, en el fondo has tenido suerte.
¡Podrían haber preguntado cuántas ventanas exteriores tiene El
Escorial!
¡Qué
infausto sino el mío: en el paro por culpa de la talasocracia!
CUARTA CLARIDAD
- San
Juan de Letrán es una de las cuatro basílicas mayores de Roma
-junto a santa María la Mayor, san Pablo Extramuros y san Pedro del
Vaticano-, de obligada visita para los peregrinos si pretenden
obtener indulgencias. Como las demás, posee numerosas reliquias para
atraer a los creyentes (y sus limosnas). En el centro del templo, se custodia el altar de madera donde ofició
el mismísimo san Pedro. En 1368 el Papa Urbano V encargó a
Giovanni di Stefano (Juan de Esteban) un ciborio (baldaquín o dosel
con columnas que cubre un altar o una sepultura) en cuya parte
superior se conservan las auténticas cabezas de los apóstoles Pedro
y Pablo. Suponemos que el sepulcro del primero que permanece en la
cripta del Vaticano guarda el resto de su cuerpo.
- La
taptana era un instrumento de origen andino utilizado para enseñar las cuatro reglas a los niños y realizar cálculos aritméticos. El
diseño original consistía en “una piedra rectangular de 38x15 cm
con hileras laterales de diez orificios circulares para representar
el valor posicional. También consta de dos matrices cuadradas
divididas en nueve casillas donde se inscriben los números en
espiral y se realizan los cálculos”. Puede traducirse como
“dispositivo para hacer cuentas".
- En
el solar que ocupa el actual ayuntamiento capitalino, anterior
Palacio de Comunicaciones, por obra y gracia de Gallardón, a cuya
megalomanía le pareció pequeño el edificio de la Plaza de la
Villa, se levantó durante el último tercio del siglo XIX y primeros
años del XX un “parque de atracciones” con columpios, quioscos
de música y globos aeronáuticos; aunque el elemento más apreciado
por los madrileños fue su “toboggan para adultos”.
- Llamados "portapaces", son objetos de culto destinados a dar “el beso de la
paz de modo honesto, religioso y rápido”. Durante la Edad Media se
componían de una varita terminada en algún emblema religioso.
Evolucionaron hasta pequeños cuadritos con imágenes en relieve a
modo de retablo. Los temas más comunes son el nacimiento y pasión
de Cristo, y representaciones de los santos patrones donde se utiliza
el portapaz.
QUINTA CLARIDAD